Sieg von Krieg

Caballero Humano Reiklandés

Description:

Se trata de un joven reiklandes de veinte años de edad, tamaño medio, cabello castaño oscuro de longitud media, ojos avellana encardinados en una tez pálida y de rasgos definidos. Las largas correrías, peleas, rivalidades y demás juegos con los demás muchachos durante su niñez y adolescencia han fomentado un físico atlético y una mente competitiva en el joven Sieg.

Bio:

Niñez y sus tribulaciones

Nacido en el seno de una familia humilde pero honrada de los bajos fondos de Altdorf, capital imperial, desde el principio Sieg siempre tuvo claras dos cosas: Muy a menudo la fuerza se impone a la lógica y que la mierda siempre cae de arriba a abajo.

Sus primeros años transcurrieron con relativa normalidad entre las callejuelas de su barrio de Altdorf, uno de tantos conformados por una laberíntica serie de callejuelas que van a desembocar en la Konigstrasse donde el único factor común es la austeridad de sus habitantes y el orgullo casi sectario de ser reiklandes y a su vez vivir en la capital imperial.

Como cualquier otro niño del barrio sus días transcurrían en una serie de fechorías de bajo calado como robar alguna pieza de fruta en uno de los innumerables puestos del mercado de la Konigsplatz, pelear con niños de otros barrios por algún tipo de territorio imaginario, venganza o simple aburrimiento y esporádicamente intentar conquistar el corazón de alguna niña con la esperanza de recibir un beso con el que vanagloriarse frente a su hermano y amigos.

Sobre su familia poco hay que decir, su padre servía como mensajero bajo las ordenes de un noble local lo cual hacía que pasase temporadas fuera de casa entregando algún mensaje en algún punto del territorio imperial. Su madre atendía la casa lo mejor que podía con los pocos ingresos que tenían y, como mujer avispada que era, se sacaba algún extra preparando su “famosa” empanada de pescado, la cual Sieg odiaba. Y finalmente el compinche de correrías y principal aliado/archienemigo, su hermano Hans, un par de años mayor.

A medida que fue creciendo en ese ambiente donde las peleas,la miseria y las depravaciones eran tan comunes como el ciclo de los astros, el joven Sieg, en su mente, fue gestando de manera obsesiva la idea de medrar, sentía en su fuero interno que estaba destinado a algo mas, a algo mejor que rezar por no acostarse día tras días con el estomago vacío o con sus tripas desparramadas en alguna taberna de mala muerte por un asunto trivial o en el fondo del río Reik.

Causa y efecto

Las calles de Altdorf son un hervidero de costumbres y culturas, pese a ser un plebeyo de origen humilde que vivía al día, el joven Sieg tuvo la oportunidad de escuchar historias y observar costumbres de gentes venidas no solo de otras provincias imperiales sino de los mas recónditos lugares de mas allá de las fronteras pero nada marcaría mas su destino que la noche que ayudo a un viejo bretoniano a atrapar a la carrera a un malnacido que le había sustraído la bolsa. Sieg no había corrido tras aquel ratero por bondad de su corazón o un deseo inherente de hacer el bien sino porque aquel desgraciado le debía dinero.

Fuese como fuese aquel viejo bretoniano pasaría a ser una pieza determinante en la vida de Sieg ya que pocos días después este anciano le devolvería el favor cuando los dos hermanos del ratero, que había sido entregado a la guardia y con toda probabilidad pasaría un tiempo lejos sino para siempre, cuchillos en mano fueron a saldar cuentas con el joven Sieg que no las tenía todas consigo, eso era seguro, aquellos bastardos eran bastante mas mayores, altos y corpulentos. Cuando la muerte era segura aquel viejo bretoniano surgió imponente acero en mano y haciendo gala de una maestría evidente cercenó la mano de uno de los atacantes infundiendo en sus corazones pavor, precipitando inminente la derrota y huida de aquellos mendrugos.

El joven estaba acostumbrado a presenciar todo tipo de altercados y por los mas diversos motivos pero nunca antes había presenciado tal pericia con el acero. Los días venideros Sieg imploró a aquel viejo que le enseñase a manejar el acero una y otra vez sin descanso y así fue como aquel antiguo soldado bretoniano se convirtió en el mentor del joven reiklandes.

El camino del acero

Al cumplir la veintena el joven Sieg había desarrollado sus habilidades con todo aquello que su mentor podía enseñarle, había aprendido el manejo de varias armas y sin proponérselo había aprendido la lengua de Bretonia, algunos modales y la insensatez para arrojarse al vacío si con ello conseguía que algún día se escribiesen sus hazañas y en esto el joven era un alumno aventajado.

Una fría noche cuando Sieg volvía a su casa tras haber estado escuchando durante horas al viejo bretoniano debatir con un aguerrido estaliano sobre las bondades de las mujeres a lo largo del viejo mundo el joven se topo de bruces con una situación que había vivido en innumerables ocasiones pero que esa vez produjo un extraño efecto en él. Tres marineros parecían apunto de saciar su lujuria con una bella joven que forcejeaba hasta el limite de sus fuerzas mientras tanto otro de ellos pateaba a un aterrorizado joven de apariencia refinada en las costillas mientras yacía indefenso en el suelo, antes de darse cuenta y llevado por un irrefrenable impulso promovido por la cerveza, las historias de gloria del viejo bretoniano y el terror en los ojos de aquella joven Sieg desenvainó su viejo y mellado acero y sin pensárselo dos veces arremetió contra los agresores.

El balance final, espalda y hombros abarrotados de horribles moratones por cortesía de las bastas porras que blandían aquellos marineros y una cicatriz en el muslo que le acompañaría por el resto de su vida pero en el paladar el sabor de la victoria y aunque aun no lo sabía una gran oportunidad.

Cuna e influencia

Jamás habría imaginado Sieg que aquella buena acción le reportaría tan inmensa recompensa. Resultó que aquel pisaverde al que estaban calentando las costillas era el hijo mayor de un prominente noble, parece ser que sentía cierta debilidad por las jóvenes plebeyas de gran belleza, en palabras del padre “Un pequeño vicio inofensivo” y del cual Sieg había sacado gran provecho ya que el noble decidido a recompensar al salvador de su retoño profirió la siguiente pregunta: “Y dime muchacho ¿Cómo puedo recompensar tu hazaña?” a lo que Sieg dio su mejor y más ambiciosa respuesta “Quiero servir al emperador”. En realidad el joven tenía en mente un puesto en la milicia local o en el ejército condal pero por Sigmar que nunca había siquiera soñado con lo que estaba apunto de recibir.

Apenas un par de semanas después un mensajero ataviado en exquisitos ropajes rondó el barrio de Sieg en su búsqueda, cuando finalmente encontró al joven le entregó el mensaje “Sieg Von Krieg, debes acompañarme sin demora, has sido admitido como escudero en la reiksguard maldito bastardo.

La armadura mas lustrosa

“Ten cuidado con lo que deseas” Sieg había oído decir esa frase a su madre cientos de veces y ahora comenzaba a cobrar sentido real para él. Junto con la plaza en la reiksguard el noble había dispuesto que joven recibiese una montura, una espada larga y una camisa de malla, después de todo había patrocinado al joven y su orgullo de noble iba en ello, uno no recomienda a un infante y deja que se presente con harapos. Sieg pronto descubrió que hacerse hueco en las tropas de élite del emperador aunque fuese en el escalafón mas bajo por medio de presiones políticas era algo que la orden no recibía a bien.

Al día siguiente a alistamiento y tras formar filas en uno de los jardines de la casa capitular de la Reiksguard en el distrito palatino Sieg fue seleccionado junto con otros jóvenes para marchar junto a un destacamento de caballeros de la reiksguard rumbo a la Torre de Magnus en Ubersreik, allí recibiría su formación y sería asignado a algún caballero para servirlo.

Así fue como pasó a estar al servicio del mariscal de campo Antonin Sieber, pero para su sorpresa, no era el únicoal menos tres mas de los chicos que partieron desde Altdorf pasaron también al servicio del mariscal pero a diferencia de Sieg ellos participaban en entrenamientos avanzados mientras a Sieg se le encomendaba la tarea de pulir y sacar brillo a la armadura de su señor “Impoluta” le recalcaban. Cuando los demás gozaban de permisos a Sieg se le encomendaba la importante misión de cepillar a la magnifica montura del mariscal “Magnifico ejemplar, es un honor para ti siquiera cepillarlo”.

Pronto Sieg comprendió que un joven recién vomitado de las entrañas de Altdorf nunca tendría las mismas oportunidades que el vástago de una familia noble cuyas raíces están profundamente arraigadas en las altas esferas de la sociedad imperial y que tendría que encontrar su propia manera de probar que podía prosperar dentro de la orden.

El girar de unas espuelas

El destino es tan caprichoso como las mareas y Sieg no era mas que otra botella flotando a la deriva en la bastedad oceánica.

El joven escudero no tardó demasiado en encontrar quien le ofreciese una módica cantidad de oro a cambio de sus habilidades marciales, trabajos de poco lustre mayormente pero como todo en esta vida vendría con lecciones y, en ocasiones, mas penas que alegrías.

¿Qué llevo al joven de Altdorf a la posada de la Luna Roja? Quien sabe, quizás algún plan divino que se escapa al entendimiento de los meros mortales, fuese como fuese, allí Sieg se embarcaría en su primera gran aventura participando como un engranaje mas de una maquinaria compuesta por individuos varios con sendas motivaciones personales pero con un mismo fín: Sobrevivir un día mas y acaudalar la mayor cantidad de oro posible.

Pronto se enfrentarían a la penuria, el desanimo y la muerte, bien pensado para el joven Sieg no era nada nuevo, una simple elongación de lo que se respira día a día en las tripas de la brillante Altdorf aunque nada le habría preparado para lo que vivió en la villa de Grunewald y en el poblado de Geissbach donde perdería aliados y tendría su primer choque con las fuerzas del caos.

Es sabido que la clave esta en encontrar el balance entre lo bueno y lo malo. Aferrarse a ese ligero equilibrio es la clave para no pecar de confiado ni de pesimista. Pese a las sombras Sieg también encontró luz durante su periplo, como por ejemplo, su reciente amistad con Viktor Gosbert, un talentoso en el uso de las artes mágicas, o la satisfacción en resultar elegido para devolver a la ciudadela enana de Karak Azgaraz un martillo de guerra ancestral de la mejor manufactura enana y honrar así la vieja amistad entre el pueblo enano y los herederos de Sigmar.

Aunque la prueba mas dura y letal a la que se tendría que enfrentar llegó a su regreso a la ciudad de Ubersreik donde tendría que dar cuentas ante el Mariscal de la Reiksguard Antonin Sieber por su ausencia no autorizada. Sieg sabía que se jugaba mucho mas que un tirón de orejas pero, por suerte, parecía que Ranald había guiñado el ojo al joven aquel día ya que no solo no sufrió percance alguno sino que fue nombrado caballero y, además, tenía una plaza reservada en el próximo torneo anual que se celebraría en Altdorf, su ciudad natal, ante el mismísimo emperador Karl Franz y tras lo cual sería oficialmente nombrado caballero de Reiksguard; la élite imperial.

Sieg von Krieg

Warhammer Fantasy RP - La Compañía de la Luna Roja Alvi Rubi