Warhammer Fantasy RP - La Compañía de la Luna Roja

Misterio en la Villa de Grunewald | Parte 1

Aventura Ojo por Ojo

1st Mitterfruhl, 2521

Tras volver a Übersreik de vuestro último trabajo, algunos miembros de la improvisada compañía tuvisteis algunos problemas en la ciudad, pero al llegar la noche fuisteis a por vuestras habitaciones en la Posada de la Luna Roja.

- Si Ranald me lo permite y los Cuervos no me señalan, estaré fuera de servicio de guardar los caminos durante un tiempo… ánimo Kurgi, yo también la apreciaba… – Rutger tras recompensaros con unos chelines se despidió de la Compañía llevándose el cuerpo de Birgitta envuelto en una manto viejo en una carretilla hasta el Jardín de Morr de la ciudad, no sin antes regalaros el Trabuco de la Patrulla de Caminos.

También aprobechó Warmund para despedirse de la Compañía tras cobrar sus monedas. No se fue muy lejos, sino hasta la barra del bar para pedir cerveza al posadero Franz Lohner y reunirse con unos paisanos que estaban jugando a los naipes en el jolgorio de la noche.

Ocupasteis vuestras habitaciones y pasasteis la noche.

1st Pflugzeit, 2521

Una vez despejados no tardasteis en bajar y buscar trabajo. Hay un popular dicho árabe que dice: Al ocupado lo tienta un demonio y a los ociosos los dioses del Caos.

Kurgi y Giovanni fueron los primeros en acudir al tablón de anuncios de la posada, pero fue el tileano quien pudo percatarse y leer un trabajo firmado por un tal Vern Hendrick.

El mismo se hallaba sentado junto con otros dos aventureros cerrando un trato, Vern Hendrick era un jóven rubio de ojos azules, bien cuidado y vestido con ropajes caros. Junto a el joven había un curioso tipo de acento talabeclandés, con ropajes finos y nobles que posteriormente se presentó como Ferdinand von Schrödinger además de un tipo duro, curtido, un tal Wilhem Stahl que se presentaba como Patrulla de Caminos de Übersreik y que había sido compañero de Birgitta en alguna que otra ocasión.

- Lord Rickard Aschaffenberg está muy intranquilo con el estado de su nueva villa. Cree que sus empleados pueden estar preparando algún tipo de insurrección, pues son en su mayoría perezosos y muy poco cooperativos. Ustedes se harán pasar por cargadores contratados para descargar el equipaje del señor de su carruaje e instalar sus muebles, pero su verdadero cometido será espiar discretamente a los empleados, averiguar todo lo posible sobre cualquier indicio de insubordinación e informar de todo a mi señor… – Os comentaba Vern Hendrick a medida que cerrasteis el trato, que consistía en 10 chelines por jornada, más gastos. También tuvo el detalle de pagaros una jornada por adelantado.

La compañía decidió descansar y partir a la luz del alba del día siguiente.

2nd Pflugzeit, 2521

La Compañía totalmente recuperada se puso en marcha, partiendo de Übersreik por la Carretera de Bögenhafen. Algunos montados en el carromato y otros montados en sus propios caballos.

El primer tramo transcurrió sin incidentes, visteis un grupo de viajeros con los que Kurgi se paró a charlar, pero nada más allá de eso seguisteis vuestro camino por la carretera.

3rd Pflugzeit, 2521

Tardasteis 1 día y medio en llegar a Geissbach decidiendo parar en esta pequeña aldea. Alguno de vosotros se metió en problemas cuando decidisteis separaros y realizar vuestros recados, pero aun así pasasteis la noche y recuperasteis fuerzas para seguir vuestro camino a la tarde del día siguiente.

5nd Pflugzeit, 2521

Dos días y medio después, siguiendo el camino de Geissbach a la Villa de Grunewald, siguiendo las indicaciones de Wilhem que actuaba como guía. Llegasteis a las inmediaciones de la villa ya con el Bosque del Reikwald flanqueando ambos lados del camino.

Vern Hendrick se empezó a poner muy nervioso, su experiencia con los Hombres Bestia del Reikwald le había convertido en un joven temeroso ante los ruidos que emanaba el Bosque en este punto. Incluso algunos de miembros de la Compañía, logró escuchar unos balidos extraños producidos en oscuridad del Bosque y otros incluso vieron unos furiosos ojos rojos y sombras que se esfumaron al menor indicio de investigarlo, dándoles la sensación de que no estaban solos y os vigilaban.

Por fin el carromato llega a un amplio claro en el bosque, en el que se alzan varios edificios cercados por un muro de piedra de cuatro metros de altura cubierto de hiedras. Varias partes del muro se han desmoronado y han sido reforzadas con barricadas improvisadas. Un guardia vestido con una camisa de malla y una capelina patrulla la parte superior del muro armado con una ballesta. El muro está rodeado por una zanja ancha y cubierta de maleza. Una pequeña entrada fortificada con una torre almenada medio en ruinas protege la entrada. En la cima de la torre hay otro ballestero similar al anterior montando guardia.

Cuando de repente, un aullido gutural surgió del bosque y varias formas vagamente humanoides emergieron de entre la maleza, descolgandose de las ramas de los árboles y vadean los arbustos hacia la Compañía.

¡Y con su bramido, los hombres bestia se abalanzaron!

Video de sesión

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Memorias de Sieg Von Krieg

Capitulo II

Bodegas y Botellas

En este mundo siempre hay tareas a la espera de aquellos dispuestos a mancharse las manos a cambio de una suma de monedas y nosotros encajábamos en esa descripción.

En la posada “La Luna Roja” nos contactó un tipo engalonado en buenos ropajes que decía servir a un noble llamado Aschaffenberg el cual parecía sospechar de la lealtad que sus sirvientes le profesaban y había enviado a este tipo a Ubersreik en busca de un grupo que se hiciese pasar por nuevos miembros del servicio, metiese sus narices en los quehaceres de los demás buscando alguna señal de posible rebelión contra el señor.

La paga sería de 10 chelines por jornada y la tarea parecía ser pan comido ¿Qué podría salir mal? Ingenuo de mi…

Perdí de vista a Warmund, el arquero, nada mas llegar a la posada pero a cambio dos nuevos hombres se enrolaron en la misión. El primero de ellos era un tal Wilhem Stahl, otro que se dedicaba a patrullas los caminos del imperio y llevar malhechores ante la justicia. El segundo un pisaverde de aproximadamente mis años que respondía al nombre de Fernidand von Schrödinger, maldito bastardo no tardaría en hacerse notar por su ego nobiliario aunque con el tiempo se convertiría en uno de los pocos pisaverde dignos de mi confianza y amistad.

Tras aceptar el trabajo y apurar un zanco de pavo me retiré a la habitación que se me había asignado a disfrutar de un caliente y relajante baño. Seguid mi consejo bañaos con regularidad evitareis oler como una cuadra y enfermar.

A la mañana siguiente tras hacer números con el posadero monté a lomos de “Zwei”, mi fiel corcel, listo para ponernos en marcha.

El camino transcurrió sin sobresaltos, un placido viaje a lomos de mi montura por los caminos de la majestuosa Reikland bajo su sol y sus estrellas.

Tras una jornada y media de viaje alcanzamos la población de Geissbach. Era la segunda vez que pasaba por aquella población, la primera vez fue en el destacamento de la Reiksguard rumbo a Ubersreik y pronto comprobé que los malditos guardias no pierden oportunidad de medir el tamaño de su miembro viril y aumentar su ego. Tras “intercambiar palabras” con una patrulla de la guardia local acabé con mis huesos fuera de los limites del pueblo obligado a pasar la noche bajo las estrellas.

A la mañana siguiente aguardé por los demás y nos pusimos rumbo a la hacienda del tal Aschaffenberg.

Es curioso el tiempo que puedes dedicar a pensar sobre el pasado, presente y futuro cuando te hallas en el camino. Comencé a cavilar sobre lo inteligente de haberme ausentado sin permiso de mi destacamento y de como justificaría dicha ausencia ante el mariscal Sieber, por mi bien debería encontrar una buena excusa…

Tras dos días de viaje alcanzamos la villa de Grunewald, sus muros se alzaban poderosos ante nosotros en la lejanía, podía distinguir la figura de algunos guardias realizando sus patrullas sobre aquellos muros…prefiero no recordar lo altos que eran a decir verdad.

Casi sonreía por alcanzar, finalmente, nuestro destino cuando aquellas bestias surgieron de todas las direcciones dispuestas a darnos la bienvenida. Se había acabado la tranquilidad, apreté con fuerza las riendas mientras desenvainaba mi acero, había llegado la hora de ganarse la paga.

Alvi Alvi

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